Hay momentos en la vida en que necesitamos una pausa.
Un espacio para mirar lo que fue, sentir lo que está y dejar ir lo que ya no puede quedarse.

Ese espacio es el ritual. 

El ritual no es un objeto, es un gesto, un momento para detenerte, respirar, sentir, agradecer y recordar.

El ritual invita a cerrar, pero no a olvidar. 

Un ritual es, al final, una forma de honrar a ese hijo que partió. Porque fue real, porque para ti, si existió.

Te invitamos a ponerlo en un altar, como una forma de darle un lugar físico y cerca a ti.


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